La Bodega

En la llanura luminosa de Tomelloso, en el corazón de La Mancha, la familia López Montero cultiva viñedo desde el siglo XVIII. En 2005 nace Bodegas y Viñedos Verum, un proyecto que recoge esa herencia para expresar el territorio con una mirada actual.
«Verum», verdadero en latín, define su filosofía: respeto por la tierra, la historia familiar y las variedades que han dado identidad a la zona. Cada vino busca ser una interpretación fiel del paisaje, la memoria y el trabajo en el viñedo.

bodegasverum.com
Año de Fundación 2005
Propietario Familia López Montero
Enólogo Elías López Montero
Región de producción La Mancha
Superficie total del viñedo 80 hectáreas
Producción anual 500.000 – 700.000 botellas/año
Ubicación N-310, 228, 13700 Tomelloso, Ciudad Real

El Terroir

El dominio de Bodegas Verum se sitúa en Tomelloso, en el corazón de La Mancha, una de las regiones vitivinícolas más extensas y con mayor tradición de Europa.

El viñedo se extiende sobre la meseta central a una altitud media de unos 650 metros, con parcelas que alcanzan cotas superiores, lo que favorece una maduración equilibrada de la uva. El paisaje está marcado por amplias llanuras y suaves elevaciones, con una fuerte exposición solar característica del clima manchego.

Los suelos, predominantemente calizos con presencia de canto rodado en algunas parcelas, aportan estructura, profundidad y una marcada identidad mineral a los vinos. La combinación de suelos pobres y viñedos viejos —algunos plantados en los años 50— favorece bajos rendimientos y una alta concentración de la uva.

El clima es continental extremo, con veranos calurosos, inviernos fríos y escasas precipitaciones, lo que contribuye a una viticultura de secano y a una excelente sanidad de la uva. Estas condiciones permiten obtener vinos con intensidad aromática, madurez y equilibrio natural.

En este contexto, la bodega trabaja bajo certificación ecológica y una filosofía de mínima intervención, combinando tradición e innovación para expresar el carácter varietal y el origen de cada parcela.

El resultado son vinos estructurados, honestos y con una fuerte identidad territorial, donde se busca reflejar la autenticidad del paisaje manchego y el legado histórico de la familia.